Islas Canarias-España

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La Vega de San Mateo-Gran Canaria
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LAS CUENTAS DE LA VIEJA.-


LAS CUENTAS DE LA VIEJA


Por : Jesús Padilla


Como muchos saben, ciudad y municipio son dos términos de uso frecuente, sobre todo cuando se hace referencia a divisiones territoriales. Tanto unos como otros tienen características propias que los diferencian. 
Una ciudad es una comunidad que posee cierta cantidad de habitantes, normalmente mayor que los pueblos, además de tener una infraestructura, tanto comercial como industrial amplia, con centros educativos, empresas y oficinas  bancarias diseminados por todo su territorio mucho mayor que la de los pueblos. Pero, principalmente, se caracteriza porque las actividades que en ella se realizan no están relacionadas ni con la agricultura ni con la ganadería; es decir con ninguna de las actividades que si se hacen en las zonas rurales y por ende en sus pueblos.
La ciudad tiene una gran densidad de población, una gran presencia de viviendas múltiples, de edificios que albergan o pueden albergar a esa gran población. Las infraestructuras en medios de transportes, sus avenidas, sus calles y hasta sus barrios son especialmente concebidos y diseñados para cada ciudad.
En la Vega de San Mateo son muchas las preguntas que nos hacemos los que vivimos en este municipio, en nuestro pueblo, y que están relacionadas, casi todas ellas, con el incremento dotacional, diría que desmesurado, de edificaciones públicas, que podrían tener una justificación puntual pero que si lo analizamos detenidamente pueden tener unas consecuencia catastróficas, con unos resultados inesperados y a la vez sorpresivos. Y la sorpresa, generalmente cuando hablamos de gestión pública, no suele ser precisamente halagüeña.
Está bien aprovecharse del dinero que vienen de las administraciones de las que somos administrados para llevar a cabo planes que favorezcan el desarrollo sostenible de un municipio, pero no está de más ver y analizar las consecuencias que arrastra, o puede arrastrar ese "aprovecharse".
Me voy a centrar en el caso de la Vega de San Mateo, el de emplear ese dinero en instalaciones públicas faraónicas, e innecesarias, que si bien pudieran paliar un problema puntual, o una deficiencia en un determinado momento, estas se puedan convertir en un problema de mayor envergadura que afectaría no solo al presupuesto municipal sino además al bolsillo de los contribuyentes de ese municipio.
Las instalaciones hay que mantenerlas ya que por si solas no se sustentan. Necesitan personal de mantenimiento que realicen labores de limpieza, electricidad, fontanería e inspección. Asimismo esas instalaciones tienen que tener una rentabilidad que les permita hacer frente a determinados gastos como son lo de electricidad, agua y nóminas de los empleados que requiera, así como aquellos elementos necesarios, cada cierto tiempo, para mantener y sostener la instalación en condiciones de uso, como puede ser el pintado de interiores y exteriores, el cambio de lámparas o elementos de fontanería, pólizas de seguro etc.,. Toda un listado de gastos que son "ineludibles" para la propia subsistencia de la instalación.
Es una temeridad hacer creer a la gente que estas obras van a hacer próspero un municipio cuando es palmario y notorio que no es así pues el presupuesto municipal es el que es y va en consonancia con el número de habitantes y con los impuestos que se recaudan.
No se pueden disminuir los impuestos si aumenta la infraestructura, no se puede aumentar el presupuesto sin aumentar los impuestos.
El dinero público es directamente proporcional al ingreso, e inversamente proporcional al número de construcciones. Tanto aportas, tanto tienes.
Cuando el aumento de la construcción de edificaciones públicas es mayor, provoca, irremediablemente, un descenso del dinero de las arcas públicas que pueden llevar a la institución, ayuntamiento, en el caso de la Vega de San Mateo, a la bancarrota o como mal menor a un detrimento sistemático de otras prestaciones importantes y básicas e ineludibles. 
Todo en un municipio es proporcional a lo que se haga. Si se aumenta la población, proporcionalmente se deben aumentar los servicios, si se aumentan los servicios, proporcionalmente se deben aumentar los gastos, si se aumentan los gastos, proporcionalmente se deben aumentar los presupuestos, si se aumentan los presupuestos, proporcionalmente a todo lo anterior se deben aumentar los impuestos, ello quiere decir implícitamente, sin reservas, que a mayor aumento de todo, mayor aumento de los problemas.
Don Antonio Ortega nuevamente pretende ofrecernos más infraestructuras, convencido que con ello el desarrollo del municipio sería imparable y que su gestión es insuperable. No pretende mejorar las existentes, ¡No!, pretende aumentar aún más la carga del gasto público.
Culpa a sus opositores, a los partidos de la oposición, de querer paralizar las obras, de que si salen elegidos pararán el crecimiento. Una memez y una estupidez pensar así de quienes tienen la obligación de fiscalizar todo lo que tenga que ver con el dinero público y con el ayuntamiento pues no es el cortijo privado de Don Antonio Ortega sino casa de todos los vegueros y vegueras.
Lo que no dice Don Antonio Ortega es que el riesgo de ese "crecimiento" no solo es perjudicial para el municipio sino que además puede suponer un evidente deterioro de la estabilidad presupuestaria y un endeudamiento solapado con unos dineros que provienen de fondos muy puntuales que hoy se tienen pero que mañana no. Esto recibe el nombre de "Crecimiento Insostenible".
Para que me entiendan, si una persona con un presupuesto basado en una nómina se saca un premio en la lotería y se compra una gran mansión, por la que tendrá que emplear un presupuesto elevado en mantenimiento, podrá disfrutar de ella mientras le dure el dinero extra del premio, el contento, cuando este se acabe tendrá que sostener el edificio con su sueldo y solo tendrá dos opciones, o vender la mansión y comprarse un piso, o alquilarla y con ese dinero mantenerla. 
Si un alcalde utiliza fondos extras como los del FEDECAN para construir edificios, antes, y no cuando se acabe el dinero, debe pensar los gastos que generan esos edificios y los ingresos de los que dispone para su mantenimiento, porque si no le quedan dos opciones, o los vende, si puede, acabando así con la función pública del mismo, o los alquila en concesión acabando, igualmente, con esa finalidad pública, ya que todos sus usuarios tendrán que aflojar de sus bolsillos para hacer uso de los mismos.
Pero lo más alarmante es que no habrá empresa que quiera hacerse cargo de una concesión que es deficitaria, o no proporciona los beneficios suficientes para que pueda ser rentable su adquisición. Al igual que el algodón no engaña, el principio de estabilidad entre ingresos y gastos tampoco.
Es una temeridad, una tremenda temeridad, continuar por la senda del gasto, de lo insostenible económicamente, porque tarde o temprano esto pasará una factura muy, muy alta, que sumirá a este municipio en una crisis sin parangón, si no en la ruina económica. 
Razón tienen los que les dicen que esa senda no es la correcta, pero el empecinamiento, la tozudez puede más que la sensatez y el sentido común.
Un puñado de votos, o arrasar como dice Don Antonio que va a hacer en las urnas, no merece que este municipio vea en peligro, no solo su futuro, sino el de generaciones enteras por ese puñado de votos que le den una mayoría para seguir con el disparate. Es absurdo y temerario.
El tiempo da y quita razones, prefiero que me la quite, eso querrá decir que estaba equivocado, pero mucho me temo que no será así, que a los sumo podré errar en el tiempo, pero no en el desenlace.
Las cuentas de la vieja no valen para la gestión de los dineros públicos y mucho menos para gobernar un municipio.
VEGUEROS S.M.